No elijas tu carrera solo por el nombre de la carrera: por qué el plan de estudios importa más

No elijas tu carrera solo por el nombre de la carrera: por qué el plan de estudios importa más

Publicado el 17 de diciembre de 2025 Quim Pallàs

La trampa de elegir una carrera solo porque suena bien

Elegir una carrera únicamente porque suena bien es una trampa muy común y muy fácil de no ver a primera vista. El nombre de la carrera puede resultar muy atractivo, sonar importante, elegante o impresionante cuando lo dices en voz alta, y eso engancha. A mucha gente le seduce la idea de poder presentarse diciendo ese nombre de la carrera que parece abrir puertas solo por cómo suena, como si el prestigio estuviera en las palabras y no en lo que realmente se estudia. El problema es que esa fascinación superficial tapa lo esencial: lo que vas a hacer cada día no es repetir el nombre de la carrera, sino enfrentarte a sus asignaturas, trabajos, exámenes y proyectos durante años.

Por qué el nombre de la carrera no debería ser lo más importante

Cuando el foco está en el nombre de la carrera, se pierde de vista lo que de verdad va a marcar tu experiencia universitaria. El título en el papel es solo una etiqueta, mientras que el contenido del plan de estudios es lo que va a ocupar tu tiempo, tu energía y tu cabeza. Que el nombre de la carrera suene “importante” no garantiza que te vaya a gustar lo que hay dentro, ni que te vayas a sentir motivado estudiándolo. Al final, lo que cuenta no es cómo queda decirlo delante de otros, sino cómo te sientes tú por dentro cuando te sientas a estudiar eso día tras día. Si el nombre es lo único que te atrae, la base de tu decisión es demasiado frágil para sostener varios años de estudio.

La importancia real del plan de estudios de la carrera

El plan de estudios es donde se juega la partida de verdad, mucho más que en el nombre de la carrera. Ahí es donde ves qué asignaturas vas a cursar, qué tipo de contenidos vas a trabajar y qué enfoque tiene la formación que vas a recibir. Lo que te debería parecer atractivo no es cómo suena el título, sino cómo se ve ese listado de materias que te acompañarán durante todo el grado. Si el plan de estudios no te despierta curiosidad, si no te genera ganas de aprender más, es una señal clara de que algo no encaja, por muy espectacular que sea el nombre de la carrera en el folleto o en tu cabeza.

Revisar si las asignaturas te interesan de verdad

Antes de dejarte llevar por el nombre de la carrera, es clave mirar con calma las asignaturas y preguntarte si de verdad te interesan. No se trata de que todas te apasionen al máximo, pero sí de que, en conjunto, te llamen la atención y te apetezca profundizar en ellas. Si al leer los nombres de las materias sientes indiferencia, aburrimiento o incluso rechazo, es una señal de alarma. En cambio, si empiezas a imaginar preguntas, temas que te gustaría explorar y cosas que te gustaría entender mejor, ahí hay una pista de que el contenido sí conecta contigo más allá del envoltorio del nombre de la carrera.

Imaginarte estudiando eso durante años

Otra prueba importante es imaginarte a ti mismo estudiando esas asignaturas durante varios años seguidos. Visualizarte yendo a clase, haciendo trabajos, preparando exámenes y proyectos sobre esos temas te ayuda a aterrizar la decisión. Si al imaginarlo te pesa, te agobia o te parece un sacrificio constante, probablemente el atractivo del nombre de la carrera no será suficiente para compensar esa sensación a largo plazo. En cambio, si te ves dedicando tiempo a esas materias sin sentir que todo es una carga insoportable, si incluso te imaginas disfrutando de aprender más, entonces el plan de estudios empieza a tener sentido para ti de una forma mucho más real que cualquier nombre llamativo.

Valorar si se te puede llegar a dar bien

Además del interés, también importa valorar si esas asignaturas se te pueden llegar a dar bien con esfuerzo y constancia. No se trata de ser un genio en todo, sino de ver si tienes una base mínima o una disposición que te permita avanzar sin sentirte completamente fuera de lugar. Si el contenido del plan de estudios te resulta totalmente ajeno y no ves forma de conectar con él, el nombre de la carrera no va a cambiar esa realidad. En cambio, si piensas que, con dedicación, podrías entenderlo, mejorar y sentirte competente, entonces hay una base sólida para construir tu camino, mucho más firme que la simple atracción por cómo suena el título.

Lo que tendrás delante cada día: asignaturas, no el título en el papel

En el día a día universitario, lo que tendrás delante no es el título enmarcado ni el nombre de la carrera escrito en grande, sino apuntes, libros, plataformas virtuales, prácticas y exámenes. Tu rutina estará hecha de clases concretas, profesores específicos y temas muy definidos, no de la etiqueta general que aparece en tu matrícula. Esa es la realidad que muchas veces se olvida cuando uno se deja deslumbrar por el nombre de la carrera. El papel con el título llegará, si todo va bien, al final del camino; mientras tanto, lo que te acompaña cada mañana son las asignaturas, y si no te dicen nada, el recorrido se hace muy cuesta arriba.

La frustración de estudiar algo que no te interesa de verdad

Cuando eliges una carrera solo por cómo suena y luego descubres que el contenido no te interesa de verdad, la frustración aparece con mucha fuerza. Cada semestre puede sentirse como una batalla contra algo que no te motiva, y esa sensación se acumula. No es solo que las asignaturas se hagan pesadas, sino que empiezas a cuestionarte por qué estás ahí, qué sentido tiene todo ese esfuerzo y si no estarías mejor en otro sitio. Esa distancia entre el nombre de la carrera, que parecía tan atractivo, y la realidad de lo que estudias, que no te engancha, se convierte en una fuente constante de malestar.

Sensación de pérdida de tiempo y de rumbo

Con el paso del tiempo, estudiar algo que no te interesa de verdad puede dejarte con una sensación muy dura de pérdida de tiempo y de rumbo. Mirar hacia atrás y pensar que has invertido años en una carrera que no encaja contigo duele más que renunciar a un nombre de la carrera que sonaba “top”. Esa percepción de haber desperdiciado etapas importantes de tu vida académica pesa mucho, porque no se trata solo de aprobar o suspender, sino de sentir que todo ese esfuerzo no te ha acercado a algo que te haga sentir pleno. Esa sensación de vacío no la compensa ningún título rimbombante.

El peso de la decisión cuando no encaja contigo

Cuando la carrera no encaja contigo, cada decisión relacionada con ella se vuelve más pesada. Elegir optativas, pensar en prácticas, imaginar salidas profesionales o incluso plantearte seguir o cambiar de camino se convierte en un conflicto constante. El nombre de la carrera, que al principio parecía una ventaja, se transforma casi en una carga, porque te recuerda la imagen que querías proyectar más que la persona que realmente eres. En ese punto, te das cuenta de que haber priorizado el sonido del título por encima de tu interés real ha hecho que todo el proceso sea mucho más difícil de lo necesario.

Elegir algo que suene menos top pero encaje contigo

Frente a todo esto, elegir una carrera que quizá suena menos “top” pero encaja contigo es una decisión mucho más inteligente y honesta. Puede que el nombre de la carrera no impresione tanto cuando lo dices, pero si el plan de estudios te interesa, te ves estudiándolo durante años y sientes que se te puede dar bien, estás construyendo sobre una base sólida. La satisfacción de levantarte cada día para aprender algo que te importa vale infinitamente más que el brillo superficial de un título que solo suena bien. A la larga, lo que te sostiene no es el prestigio aparente, sino la conexión real con lo que estudias.

Mejor un nombre más apagado y una vida más encendida

Es preferible que el nombre de la carrera quede un poco más apagado y seas tú quien esté mucho más encendido con lo que estudias. Esa chispa interna, esa motivación genuina por las asignaturas y por el camino que estás recorriendo, tiene más valor que cualquier etiqueta llamativa. Cuando lo que haces te gusta de verdad, se nota en tu energía, en tu compromiso y en la forma en que afrontas los retos. En cambio, cuando solo te sostiene el nombre de la carrera, tarde o temprano se ve que por dentro no hay la misma fuerza. Mejor un título discreto y una vida académica y personal llena de sentido que un nombre espectacular y una experiencia vacía.

Conclusión: prioriza tu interés real sobre el nombre de la carrera

Al final, todo se resume en poner tu interés real por encima del nombre de la carrera. El título en el papel es solo el resultado formal de un proceso largo, y lo que hará que ese proceso merezca la pena es que el plan de estudios te encaje, te motive y te permita crecer. Elegir guiándote solo por cómo suena la carrera es apostar por la apariencia; elegir en función de las asignaturas, de cómo te ves estudiándolas y de lo bien que se te pueden llegar a dar es apostar por tu bienestar y tu futuro. La decisión es demasiado importante como para dejarla en manos de un nombre atractivo: lo que de verdad importa es que tú te sientas encendido con lo que estudias, no que el título brille más que tu propia vida.

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